El colapso de la dignidad

LA HISTORIA DE UNA TRAGEDIA MINERA Y LA LUCHA EN CONTRA DE LA AVARICIA Y CORRUPCIÓN EN MÉXICO

En las tempranas horas del 19 de Febrero de 2006, una súbita explosión sacudió una mina de carbón en el norte de México y atrapó a 65 trabajadores en un túnel subterráneo. Napoleón Gómez Urrutia, líder del Sindicato que representa a los trabajadores, estaba horrorizado por lo que encontró en la escena: inspectores de la Secretaría del Trabajo y de Grupo México la Compañía Operadora de la Mina había ignorado el estado notoriamente peligroso del lugar y fracasaban ante el intento de rescatar a los Mineros, minimizaban la responsabilidad de la Compañía en el COLAPSO y ofrecían falsas esperanzas a las familias que acampaban afuera de la Mina. Una semana después de la explosión, el ex Secretario del Trabajo canceló el rescate y abandonó a los Trabajadores sin conocer si estaban con vida o sin ella.

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Book Details

Autor

Editorial

Colofón

Año de la edición

2014

Formato

Pasta dura

Número de páginas

444

Acerca del autor

Napoleón Gómez Urrutia

Napoleón Gómez Urrutia

Ha sido Secretario General del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. Economista egresado con Mención Honorífica de la UNAM, la Universidad Nacional Autónoma de México, y de la Universidad de Oxford , Inglaterra.
Recibió en 2011 el Premio Internacional en Derechos Humanos Meany-Kirkland de la AFL-CIO y en 2014 la máxima distinción global en Derechos Laborales, el Premio de Noruega Arthur Svensson y el Premio Edelstam en Suecia. En 2014 recibió la destacada Medalla de Oro IPPY, de la Asociación de Editores Independientes de Nueva York por su publicación del libro El Colapso de la Dignidad.

Los acontecimientos que formaban parte del telón de fondo de todo el conflicto minero estaban por sí mismos llenos de evidencias que confirmaban que esta era una conspiración orquestada para eliminar mi liderazgo y destruir a Los Mineros. Tres acontecimientos diferentes sucedieron uno tras otro, en un lapso de tiempo demasiado corto como para que se tratara de una coincidencia.

Era claro que personajes importantes estaban detrás de todo esto. En primer lugar, ciertos miembros del Congreso del Trabajo, liderados por Víctor Flores, habían decidido unirse a Fox y a la administración del PAN el 15 de febrero de 2006, renunciando a sus principios democráticos y asegurando sus posiciones políticas y personales a cambio del apoyo a las reformas laborales de Fox.

Dos días después, los porros y golpeadores contratados para atentar contra la sede de Los Mineros tomaron el edificio del sindicato. Fox y sus colaboradores sabían que nuestro sindicato era la mayor amenaza para sus planes, así que recurrieron a la violencia y al vandalismo. El tercer acontecimiento, que tendría lugar al siguiente día, sería descubrir que Salazar había entregado la toma de nota a Elías Morales, reconociéndolo ilegalmente como el líder del Sindicato Minero…

Estos tres eventos casi simultáneos habían implicado a diferentes actores y constituían una prueba de que Fox, Salazar, Abascal y los líderes empresariales que los tenían comprados habían diseñado cuidadosamente este plan. ¿De qué otra forma habrían podido Víctor Flores y Elías Morales obtener tan rápidamente la toma de nota? ¿Debíamos creer que casualmente una banda de criminales había atacado la sede del sindicato durante la misma semana que los conspiradores trataban de removerme ilegalmente de mi cargo en el sindicato?…

Revelaciones de la conspiración por un empresario…

Yo no había alcanzado a comprender con claridad durante cuánto tiempo se había venido fraguando esta conspiración, y no fue sino hasta el mes de abril de 2007 cuando el Director General de una de las más grandes empresas siderúrgicas me visitó en Vancouver. Pasamos el día en reuniones, discutiendo el contrato colectivo y algunos acuerdos de productividad que ambos esperábamos serían beneficiosos tanto para la compañía como para los mineros. (Al final fuimos a cenar)…

Durante la cena, le pregunté cuál era su opinión sobre el conflicto minero… Inmediatamente comenzó a contarme que a principios del 2005 había sido invitado a numerosas reuniones en las oficinas del Secretario de Economía, Fernando Canales Clariond, y del antiguo Secretario del Trabajo, Carlos María Abascal. También había recibido una invitación a cenar en casa de Julio Villarreal Guajardo en Monterrey, uno de los tres hermanos Villarreal que manejan el Grupo Villacero. Aquellas reuniones tenían el objetivo principal de discutir el futuro de la industria minera y metalúrgica de México; Los Mineros representaban un obstáculo en el panorama que Clariond y Abascal veían para este sector. El empresario que me contaba estos detalles dijo que había rechazado la invitación, pero que podía informarme quiénes habían asistido.

La lista incluía los nombres de los enemigos más poderosos y agresivos de los mineros: los hermanos Villarreal; Germán Larrea; Xavier García de Quevedo; Carlos María Abascal; Francisco Javier Salazar; el subsecretario del Trabajo en ese momento, Emilio Gómez Vives; Alberto Bailleres González del Grupo Peñoles y su colega Jaime Lomelín; Alonso Ancira Elizondo de Altos Hornos de México; Fernando Canales, el Secretario de Economía de Fox (y primo de Bernardo Canales, antiguo abogado nuestro, que montó una patética defensa y luego salió huyendo); y el primo de Fernando, Santiago Clariond, presidente de una subsidiaria del Grupo IMSA, una productora de acero propiedad de la familia Clariond.

No se trataba de una ordinaria cena de negocios…

Pero hubo dos nombres más entre los asistentes que me hicieron sospechar que no se trataba de una cena de negocios ordinaria: Elías Morales y su constante colaborador en sus actividades criminales, Benito Ortiz Elizalde. Estos dos hombres habían sido expulsados del Sindicato Minero hacía años, en el 2000, bajo los cargos de traición comprobada, corrupción y espionaje en favor de las empresas y el gobierno. Ahora este empresario me contaba que estos dos personajes se habían estado codeando con los líderes de esta coalición en nuestra contra desde un año antes de que las agresiones comenzaran… Ahora sé con toda certeza que Morales y el resto de estos conspiradores sin escrúpulos y consumidos por la ambición y la codicia, habían venido tramando con Grupo México nuestra destrucción desde principios del 2005…

El hombre que me contó lo sucedido en estas reuniones secretas… también me informó que Vicente Fox y su esposa Marta Sahagún estaban plenamente conscientes de esta conspiración y apoyaban su ejecución. La implicación del presidente en una arbitrariedad y abuso de poder como éste, no solamente constituye una causa de destitución, sino que también da pie para levantar cargos penales en su contra…

Si estas evidencias no pueden considerarse prueba suficiente de una conspiración, no sé qué podría considerarse como tal…

La agresión fue contra todo sindicato democrático…

Aunque hemos sido el objetivo principal de esta trama, la misma no debe considerarse como un ataque aislado contra los trabajadores sindicalizados de la minería, la siderurgia y la metalurgia de México. Estos empresarios y sus asistentes políticos libraron una ofensiva general contra el sindicalismo democrático e independiente; Fox, y luego Calderón, realizaron agresivos ataques contra el Sindicato Mexicano de Electricistas y la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores, entre otros. El Sindicato Minero fue solamente el primero de su larga lista de atentados contra los sindicatos democráticos e independientes, que habían preparado en su desesperado plan de 2005.

Ciertos empresarios de México han continuado colaborando con políticos de derecha para eliminar y anular de una vez por todas cualquier rastro de los sindicatos democráticos en México. Después de las acusaciones del gobernador Humberto Moreira contra Vicente Fox para que el primero me inventara delitos falsos por los cuales apresarme, a lo cual él se negó, salió a la luz un reporte adicional en el que, una vez más, se confirmaba la existencia de una conspiración directa en contra del Sindicato Minero. Entre los conferencistas invitados a la ceremonia de apertura de la Convención General Extraordinaria del Sindicato Minero en el mes de abril de 2007, se encontraba Francisco Hernández Juárez –líder del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana y presidente de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT)…

El día de la conferencia, mientras yo escuchaba su discurso por videoconferencia, Hernández mencionó… para sorpresa de los más de 900 asistentes a la convención, que a principios del 2005 Carlos María Abascal, por entonces Secretario del Trabajo, le había dicho personalmente a Hernández Juárez: “que ellos iban por Napoleón Gómez Urrutia”. Esto había ocurrido un año antes de Pasta de Conchos y del intento de imponer a Morales como jefe. La aseveración de Hernández, la cual yo desconocía y nunca fui advertido, era una prueba más de que habían estado planeando destituirme del cargo de Secretario General del sindicato mucho antes de febrero de 2006, cuando empezó oficialmente el conflicto (denuncia que repitió un año después, en la siguiente Convención General). A Hernández Juárez se le olvidó que una ofensa contra uno es una ofensa contra todos y que en la verdadera lucha por la justicia, la libertad y la dignidad sindical, la solidaridad de clase es fundamental…

…Sus dos declaraciones cayeron como un balde de agua fría sobre todos nosotros. Abascal me había comentado el 1 de diciembre de 2005 que las cosas se estaban complicando por las presiones de los empresarios enemigos de nuestro sindicato…

No nos habían derrotado, ni después lo lograrían…

Había pasado ya un año y todavía estábamos defendiéndonos de los falsos cargos por fraude y luchando por que se hiciera justicia por la tragedia de Pasta de Conchos. Y sin embargo, habíamos obtenido una victoria muy significativa: en marzo de 2007, poco después de nuestra convención anual, el Cuarto Tribunal Colegiado para Asuntos Laborales del Primer Circuito declaró que yo era el líder legítimo del Sindicato Minero, y que la Secretaría del Trabajo había abusado de su autoridad e incumplido con los procedimientos adecuados al rechazar reconocerme como tal…

Sin embargo, antes que admitir su derrota, las fuerzas aliadas en contra nuestra no mostraron el menor signo de rendición. Por el contrario, después de mi reinstalación como Secretario General, los conspiradores redoblaron sus ataques. Esta vez, iban a concentrar sus esfuerzos en los medios de comunicación nacionales.